Observando el cielo
Observando el cielo
El Sol se pone en el horizonte, la luz da paso a la penumbra, el azul del cielo se va volviendo más oscuro, más intenso, más profundo.
Comienzan a aparecer luces tenues que, poco a poco, se vuelven más vivas, más brillantes.
Ahora, la mirada es libre de vagar y perderse entre las miles de estrellas que salpican la bóveda celeste. Y el corazón está listo para sentirse parte de un Universo perfecto donde todo es y se mueve siguiendo leyes precisas.
Es como un sofisticado engranaje en el que hasta la parte más pequeña e insignificante tiene su función y es necesaria, fundamental, para el funcionamiento del conjunto.
Desde siempre, el hombre volvió la mirada hacia el cielo para encontrar respuestas a sus preguntas.
Los pueblos antiguos proyectaban en el firmamento las historias y leyendas de sus culturas y confiaban a las estrellas su conocimiento.
El hombre moderno puede maravillarse ante el Universo con los instrumentos más potentes y sofisticados, puede apreciar los detalles del sistema solar, puede sumergirse en las galaxias, puede descubrir los lugares donde se esconden las estrellas, las coloridas nebulosas.
Pero puede, sobre todo, levantar los ojos y sentirse integrado a toda esta maravilla.




