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¿Vacaciones… o una nueva mirada sobre la rutina?

¿Vacaciones… o una nueva mirada sobre la rutina?

Llegaron las tan soñadas vacaciones. Un merecido descanso, tras meses de trabajo. Ya sea para viajar en familia, cambiar de aires o simplemente dejar atrás las obligaciones del día a día. Las vacaciones suelen ser momentos tan esperados para salir de la rutina. La expectativa, por lo general, es alta: se buscan momentos inolvidables y de alegría, memorias imborrables o simplemente un período de descanso.

Sin embargo, parece que, para vivir la tan esperada pausa, es necesario correr. Tomemos como ejemplo un viaje. Los días previos se sienten más bien como una carrera de atletismo, ya que hay poco tiempo para cumplir con todos los compromisos laborales, preparar las valijas, reunir lo necesario para el gran día: el inicio de las vacaciones. Parece que el mundo tiene que detenerse para que podamos, finalmente, vivir.

Y entonces comienza el viaje. Generalmente, se deposita la alegría en la expectativa de, en pocos días, dar lugar a emociones contenidas durante todo el año. Al fin y al cabo, tenemos pocos días para vivir toda la alegría depositada en la esperanza de lograr vivir las emociones que permanecieron contenidas durante todo el año. Parece que, al llegar a destino, todo cambia: las experiencias, los sabores y los paisajes diferentes contribuyen a generar la sensación de que, ahora sí, el tiempo se desaceleró.

Pero… ¿tiene que ser así?

¿Solo se puede sentir alegría y conexión con la familia y los amigos estando lejos de la rutina? ¿Es necesario salir de casa, cerrar la puerta de la oficina, finalizar el semestre escolar o universitario para entonces vivir días especiales? ¿Vivir se reduce a esto: muchos días intensos de rutina y obligaciones, viviendo en piloto automático, para obtener unos pocos días de alegría?

Tomarse vacaciones, cambiar el escenario habitual, estar con quienes uno ama puede ser algo muy valioso. Pero ¿y la alegría de vivir intensamente el día a día? ¿Y la cena en familia vivida durante toda la semana? ¿Y la sonrisa del hijo, al mostrar un dibujo que, para él, es una obra maestra? ¿Y el desayuno perezoso del domingo, con la expectativa de vivir un día repleto de “nada” junto a quienes se ama? ¿No serían esos pequeños momentos cotidianos los que, sumados, también hacen de la vida algo extraordinario?

Tal vez el cambio que se busca en las vacaciones esté al alcance de cada persona, todos los días. Si la mirada de quien vive los pequeños actos de la rutina gana una nueva perspectiva, el día a día puede transformarse. Si la conciencia está ampliada, cualquier momento puede ser significativo, porque entenderemos que el aprendizaje, la alegría y lo inesperado pueden surgir al volver a mirar los mismos acontecimientos, pero desde diferentes perspectivas.

Tal vez no sea necesario esperar un año entero para vivir intensamente momentos inolvidables. Quizá sea posible comenzar hoy las tan soñadas vacaciones.

Solo depende de cada uno.

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