Fue en diciembre de 1968, la víspera de Navidad, que los astronautas de la Apolo 8, en una misión tripulada para orbitar la Luna, casi por casualidad, tomaron una de las fotos más importantes de la historia. La Tierra surgiendo en el horizonte. Por primera vez, el hombre salía al espacio y desde allí veía su hogar desde una perspectiva inédita para la humanidad.

La foto recibió el nombre de “Earthrise”, algo así como “El nacimiento de la Tierra” en portugués. Los más atentos notarán que el nombre tiene un doble sentido: se refiere a la aparición del astro en el horizonte, y también al nacimiento de una nueva comprensión del planeta, como nuestro hogar.

La imagen pronto se hizo popular y las personas tuvieron una visión más palpable de aquello que las grandes mentes han dicho reiteradamente a lo largo del tiempo: ¡somos hermanos! Todas esas líneas imaginarias creadas artificialmente, a las que se han dado nombres de países, estados, ciudades y barrios son, en realidad, meras abstracciones que crean divisiones, pero que de hecho no existen. Son invenciones humanas. La siguiente conclusión era obvia: todos vivimos en la misma morada. Desde una perspectiva cósmica, ¡todos somos uno!

Basándonos en esta perspectiva, a principios de la década del 70, surge una nueva mentalidad, ecológica, que entre otras cosas puso en jaque la creencia de que es posible simplemente deshacerse de toda la basura que generamos cuando la sacamos de casa. Desde la perspectiva de la Tierra, no existe tal cosa como tirar la basura afuera. Porque no existe afuera.

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Entonces, el hombre comienza a buscar formas de armonizarse con el planeta, dado el respeto que surge de esta nueva comprensión de su lugar en el tiempo y el espacio. Combinando su conocimiento con las nuevas tecnologías, busca ver otras facetas y formas de lidiar con la materia que la mayoría de las personas clasifica como “basura”. Donde antes sólo se veían “restos de comida”, “sobras”, ahora se ve el potencial de la materia prima que se puede transformar en compost, que tiene un gran valor, incluso financiero. Todo alimento que no se consume, cuyo potencial sería desperdiciado, ejerce una nueva y noble función útil. Tan noble que este material fue llamado “oro orgánico” en el “Proyecto Basura Cero”, implantado en el Club PRÓ-VIDA de Araçoiaba (ver mais). El Proyecto tiene por objetivo cerrar el ciclo de la materia, reduciendo prácticamente a cero el volumen de residuos que se destinaban al relleno sanitario, a través de los siguientes frentes: compostaje, recolección selectiva, destino de los residuos, biodigestor y educación ambiental. Este conjunto de acciones, encaminadas a un mejor aprovechamiento de los recursos existentes en el planeta y de aquellos generados por el hombre, son manifestaciones del ser con una consciencia ampliada para reconocer que es parte integrante de la naturaleza.

El oro orgánico se obtiene a través del compostaje, el proceso biológico en el que los microorganismos transforman la materia orgánica (como hojas, ramas, restos de comida, cuando se separan adecuadamente), en un material similar al suelo, que se llama compost.

El compost se utiliza como fertilizante natural en las huertas orgánicas, en los jardines y en diversas áreas del club de Araçoiaba, por ejemplo.

Al proponerse hacer el descarte adecuado y reintegrar todos aquellos elementos en el ciclo de vida, de manera sustentable, es posible cambiar el viejo hábito, basándolo en una nueva razón que se presentó y que puede ser accionada por libre albedrío.

Como en la alquimia, el metal que el hombre común desprecia tiene, en sí mismo, todo el potencial de ser la materia prima que el alquimista transmuta en oro. Es el mismo material. Pero, ¿podría el alquimista realizar la Gran Obra sin haberse, primero, cambiado a sí mismo? Suena improbable.

También el hombre, por no reconocer el potencial de oro que tiene dentro de sí, desperdicia parte de su tiempo y energía buscando, en la rama la satisfacción que sólo se encuentra en la raíz. Él anhela realizar las grandes obras, pero no las pequeñas tareas… como separar la basura. Como está escrito en la frase atribuida a Confucio: “Entre las pequeñas cosas que no hacemos y las grandes que no podemos hacer, el peligro está en no hacer nada”.

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¿Basura? ¿Restos? ¿Sobras?… ¿o materia orgánica?

Al igual que la belleza, tal vez la respuesta esté en los ojos de quien ve, y en la decisión de cada uno de accionar y dar utilidad a este conocimiento.

La porción de alimento que no fue consumida, puede volverse basura y permanecer por centenas de años en descomposición en un vertedero, con otras sustancias como el plástico, desperdiciando su valor y potencial; o ser desechada de forma adecuada, para ser reintegrada y potenciada dentro del ciclo de la naturaleza, que es sabia y económica. Esta materia, que está viva y tiene algo más allá de su química, muy pronto, será de nuevo alimento con un poder energético aún mayor.

Lo invitamos a mirar de nuevo lo que la mente colectiva llama basura. Mire de nuevo. ¿Qué ve?