Un nuevo comienzo

Cierto día decidió resolver un conflicto. Lo mejor sería hacer ese viaje ideado tiempo atrás. Organizó todo y partió.

Durante el trayecto realizó una corta travesía a pie por valles y montañas cercanas. Los rayos del sol lo acompañaban en cada subida y en cada bajada. El camino le resultaba arduo, pero mientras subía se concentraba en su objetivo: llegar al punto más alto y desde allí contemplar el vasto paisaje. Cuando el sol se ponía, paraba. Cuando la luna y las estrellas salían a escena, admiraba.

Admiraba porque la inmensidad se hacía presente, dentro y fuera de él. Allá, a más de dos mil metros de altura, parecía que con sólo extender una mano alcanzaría alguna de las miles de millones y brillantes lucecitas que iluminan la intensa negrura de la noche.

En esos instantes de puro silencio, sentía que se conectaba consigo mismo y con el Universo. No cabía explicación para describir que siendo tan minúsculo de tamaño podía integrarse con algo tan mayúsculo como aquello, tan armónicamente dibujado.

Y de repente agradeció: por estar en ese recorrido, que le daba la posibilidad de cerrar un círculo y pasar a otro que, sin pensarlo, ya comenzaba a proponer cambios en su vida.

¿Cuántas veces nos habremos propuesto iniciar un viaje parecido, en la búsqueda interior? ¿Cuántas veces habremos observado con admiración? ¿Cuántas veces nos habremos sentido parte de algo mayor? ¿Cuántas veces dijimos gracias?

Un nuevo solsticio acaba de pasar, el cierre de otro año, y con ello, para muchos, la hora de hacer balances, de trazar nuevos objetivos.

Tal como la propia naturaleza nos muestra, en el proceso vida, existen momentos de siembra, otros de crecimiento y maduración, y también los de cosecha.

Tiempos propicios para recomenzar, dejar atrás lo viejo y hacer lugar a lo nuevo, abrirse a algo mayor, salir de los aspectos que nos limitan y permitir la entrada de la luz… La luz que ilumina el mundo.

¡Feliz 2022!

Un nuevo comienzo

Cierto día decidió resolver un conflicto. Lo mejor sería hacer ese viaje ideado tiempo atrás. Organizó todo y partió.

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Durante el trayecto realizó una corta travesía a pie por valles y montañas cercanas. Los rayos del sol lo acompañaban en cada subida y en cada bajada. El camino le resultaba arduo, pero mientras subía se concentraba en su objetivo: llegar al punto más alto y desde allí contemplar el vasto paisaje. Cuando el sol se ponía, paraba. Cuando la luna y las estrellas salían a escena, admiraba.

Admiraba porque la inmensidad se hacía presente, dentro y fuera de él. Allá, a más de dos mil metros de altura, parecía que con sólo extender una mano alcanzaría alguna de las miles de millones y brillantes lucecitas que iluminan la intensa negrura de la noche.

En esos instantes de puro silencio, sentía que se conectaba consigo mismo y con el Universo. No cabía explicación para describir que siendo tan minúsculo de tamaño podía integrarse con algo tan mayúsculo como aquello, tan armónicamente dibujado.

Y de repente agradeció: por estar en ese recorrido, que le daba la posibilidad de cerrar un círculo y pasar a otro que, sin pensarlo, ya comenzaba a proponer cambios en su vida.

¿Cuántas veces nos habremos propuesto iniciar un viaje parecido, en la búsqueda interior? ¿Cuántas veces habremos observado con admiración? ¿Cuántas veces nos habremos sentido parte de algo mayor? ¿Cuántas veces dijimos gracias?

Un nuevo solsticio acaba de pasar, el cierre de otro año, y con ello, para muchos, la hora de hacer balances, de trazar nuevos objetivos.

Tal como la propia naturaleza nos muestra, en el proceso vida, existen momentos de siembra, otros de crecimiento y maduración, y también los de cosecha.

Tiempos propicios para recomenzar, dejar atrás lo viejo y hacer lugar a lo nuevo, abrirse a algo mayor, salir de los aspectos que nos limitan y permitir la entrada de la luz… La luz que ilumina el mundo.

¡Feliz 2022!